El Milagro del Vino en la Boda
Toca el corazón
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Juan 2:1-11

«¡Mujer, el vino se acabó!» exclamó María, mirando los jarrones vacíos. Los invitados de la boda en Caná bailaban y reían, pero el dueño de la casa se preocupaba: ¿cómo ofrecer vino cuando la fiesta estaba en su apogeo?

María corrió a donde estaba su hijo Jesús, que hablaba con sus amigos. «Se acabó el vino», le dijo con voz temblorosa. Jesús la miró y respondió: «Mujer, ¿qué tengo yo contigo? Aún no ha llegado mi hora». Los invitados seguían gritando y las mesas olían a pan recién horneado.
“Entonces Jesús le dijo a los sirvientes: «Llenen las jarras grandes de agua». Y cuando el maestro de la boda probó el agua, ¡había vino! Juan 2:7-10”
— Juan 2:1-11

Los sirvientes corrieron a llenar seis jarras de agua. Cuando el dueño probó el líquido dorado, se sorprendió profundamente. ¡Era el mejor vino que había probado en su vida!

¿Alguna vez te has sentido inseguro de cómo resolver un problema? Aquel día, los invitados no solo siguieron bailando, sino que descubrieron que el vino era tan bueno que nadie notó que se había acabado antes. El milagro mostró la gloria de Jesús (Juan 2:11).

¿Qué pasaba en ese tiempo?
Era una boda en Caná, una ciudad en la región de Galilea. Las bodas eran muy importantes, y no tener vino al final era un desastre. Jesús, que aún era joven, mostró que podía ayudar cuando todo parecía perdido.
Para reflexionar
¿Alguna vez pensaste que no podías solucionar un problema, pero luego alguien te ayudó? Así se sintió el dueño de la boda cuando vino se volvió a aparecer.
Confía en Dios porque Él puede cambiar lo que parece imposible. Cuando los jarras estaban llenas de agua, nadie pensó que podría ser vino… hasta que Dios lo cambió.
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