El sueño que enfadó a todos
Toca el corazón
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Génesis 37:1-36

¡'Mira qué soñé anoche!' gritó José a sus hermanos mientras sacudía un puñado de granos de trigo. Sus ojos brillaban con entusiasmo, pero los rostros de sus hermanos se arrugaron de enojo. El papá, aunque preocupado, le dio un abrazo y murmuró: 'Ese sueño es muy raro, José.'

Cada día que pasaba, José contaba más sueños: uno donde el sol y la luna le obedecían, otro donde sus hermanos se postraban ante él. '¡Basta de tonterías!' rugió Rubén, el hermano mayor, y los otros asintieron con tanto odio que parecía que el aire se había vuelto más caliente. Algunos ya excavaban un pozo vacío, como si estuvieran preparando algo...
“Y los hermanos de José los vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata; y los ismaelitas lo llevaron a Egipto. (Génesis 37:28)”
— Génesis 37:1-36

Cuando José cayó al pozo, el olor a tierra mojada y orina de cabra le llenó la nariz. Sus gritos hicieron que el viento se detuviera un momento. Los hermanos, con la camisa de José entre sus manos, miraron el horizonte como si algo allá fuera a arreglarlo todo. Pero el silencio era más fuerte que cualquier palabra. Ensuciaron la camisa con sangre para engañar a su padre.

¿Alguna vez te sentiste seguro y de repente todo se volvió raro? José no entendía por qué sus hermanos lo odiaban. A veces, las cosas que más amamos pueden asustar a otros, y eso duele. Pero quizás, como José, tú también puedas encontrar un camino inesperado.

¿Qué pasaba en ese tiempo?
José era el hijo favorito de Jacob, que también se llamaba Israel. Sus hermanos trabajaban en el campo, mientras que José ayudaba al papá en casa. Vivían en Canaán, una tierra con muchas familias y pastores. En aquella época, soñar cosas raras era visto como algo extraño, porque se creía que los sueños venían de Dios.
Para reflexionar
¿Alguna vez alguien no entendió un sueño tuyo y te hizo sentir mal? ¿Has sentido celos de un hermano o amigo? José no sabía que su sueño lo llevaría a un lugar muy lejano, pero quizás eso lo ayudaría a crecer.
Cree en Dios porque Él puede convertir lo que parece malo en algo que te ayude a crecer. José fue abandonado, pero Dios usó eso para salvar a su familia de una gran hambre.
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