El Niño que Escuchó la Voz de Dios
Toca el corazón
para guardar
1 Samuel 3:1-21

¡'¡Vengo, Señor!' gritó el niño Samuel, corriendo descalzo por los pasillos del templo. Aunque era muy joven, sostenía la lámpara de aceite que iluminaba la noche, pero no entendía quién le había hablado. El anciano sacerdote Eli dormitaba en su asiento, con el sombrero caído sobre la cara.

—¿Qué quieres, Señor? —preguntó Samuel otra vez, con voz temblorosa. El anciano se despertó y le dijo: —Ve y acuesta, y si te llaman, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Samuel asintió y volvió a su lugar, esperando atento.
“Entonces Jehová vino, y derramó sobre Samuel su palabra. Y Samuel creció, y Jehová estuvo con él, y no dejó en vano ninguna de sus palabras.”
— 1 Samuel 3:10-19

Eli, al escuchar la respuesta de Samuel, se puso de pie conmovido. —¡Dios te ha hablado, niño! —susurró, con los ojos muy abiertos. El corazón de Samuel dio un vuelco, como si un pájaro le hubiera picoteado las entrañas.

¿Alguna vez te pasó que algo que escuchaste te cambió la vida? Para Samuel, esa noche fue así. No tuvo que esperar a que alguien le explicara: la voz de Dios ya había llamado su atención.

¿Qué pasaba en ese tiempo?
Samuel era un niño que vivía en un templo, cuidado por el sacerdote Eli. En ese tiempo, la gente buscaba a Dios a través de profetas, que eran personas que escuchaban mensajes especiales para el pueblo. El templo era el lugar sagrado donde se quemaban inciensos y se guardaban los objetos de Dios. La historia es importante porque muestra cómo Dios elige a personas jóvenes para cambiar el mundo.
Para reflexionar
¿Alguna vez sentiste miedo de hacer algo que no entendías? Samuel tuvo que confiar en una voz que no veía. ¿Te animarías a seguir algo que no sabes cómo terminará?
Confía en Dios porque Él habla con quienes lo buscan, incluso cuando no entiendan de inmediato. Samuel aprendió a escuchar, y Dios lo usó para guiar a Israel.
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