El hombre que cayó y el que lo ayudó
Toca el corazón
para guardar
Lucas 10:25-37

Un hombre caminaba solo por un camino polvoriento cuando de repente cayó. Tenía una herida sangrando y no podía levantarse. Un sacerdote (un hombre que cuidaba el templo) pasó por allí, lo miró y siguió caminando. Luego pasó un levita (un ayudante del templo) y también lo ignoró. Los dos pasaron de largo sin ayudar.

El hombre seguía gritando de dolor cuando llegó un viajero. El samaritano (un hombre de una ciudad lejos de allí) se acercó corriendo. Los otros lo odiaban, pero él no se detuvo a pensar en eso.
“Pero un samaritano, al ir de camino, llegó donde estaba y, al verlo, se apiadó de él. Se acercó, le vendó las heridas con aceite y vino, lo cargó sobre su propio asno, lo llevó a una posada y se quedó atendiendo a aquel hombre.”
— Lucas 10:33-34

El samaritano lo llevó a una posada y le dijo al dueño: 'Cuida de él. Lo que gaste, te lo pago'. El hombre herido abrió los ojos y vio a un extraño que lo cuidaba con cariño.

A veces vemos a alguien que necesita ayuda, pero nos detenemos a pensar '¿Y si me lastima? ¿Y si no lo conozco?'. ¿Alguna vez te has quedado quieto viendo a alguien que necesitaba ayuda, pero no supiste si era seguro ayudar?

¿Qué pasaba en ese tiempo?
Era una época donde los sacerdotes y levitas eran como los pastores de la iglesia, que tenían que cuidar el templo. Los samaritanos eran personas que vivían lejos y los otros no los querían mucho. Entonces, que un samaritano ayudara a un judío herido fue algo sorprendente, como cuando un niño ayuda a otro que no conoce en el recreo.
Para reflexionar
¿Alguna vez sentiste miedo de ayudar a alguien por si te equivocabas? ¿Te ha pasado que alguien te ayudó cuando no esperabas que lo hiciera?
Confía en Dios porque Él te enseña a amar a todos, sin importar de dónde vengan.
Hay más historias esperándote
Explora el archivo y descubre más relatos bíblicos.
Ver todas las historias

