El Hombrecito y el Árbol Sorpresa
Toca el corazón
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Lucas 19:1-10

¡Zaqueo corría desesperado por las calles de Jericó! Era un hombre pequeño, pero su corazón era humilde y anhelaba ver a Jesús. Los demás lo miraban con desconfianza (porque era un cobrador de impuestos, alguien que tomaba dinero de otros). "¡Necesito ver a Jesús! ¡Necesito ver a Jesús!" repetía, pero la multitud lo empujaba y lo bloqueaba por completo.

De repente, vio un árbol de sicomoro. Sus ramas estaban verdes y suaves. "¡Ése es mi camino!" murmuró. Subió rápidamente, aunque sus manos sudaban y el tronco le picaba con corteza áspera. La gente seguía caminando, no sabían que un hombrecito observaba todo desde arriba, con el corazón acelerado como si hubiera comido diez manzanas dulces seguidas (¡una metáfora creativa para mostrar su emoción!).
“Y Jesús, al llegar al lugar, miró hacia arriba y dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque hoy debo hospedarme en tu casa». (Lucas 19:5)”
— Lucas 19:1-10

¡Zaqueo casi se cae del asombro! Los ojos de todos se abrieron como platos. Pero él no se sintió avergonzado. En cambio, saltó del árbol y corrió hasta Jesús, sonriendo como si hubiera ganado un premio. "¡Señor, tomaré la mitad de mis cosas y se las daré a los pobres! ¡Y si robé a alguien, le devolveré cuatro veces más!" gritó, con lágrimas cálidas en sus mejillas.

¿Alguna vez has querido tanto algo que harías cualquier cosa por verlo? Zaqueo no solo quería ver a Jesús, quería que Jesús lo viera a él. A veces, lo más difícil no es pedir algo, sino dejar que otros vean tu verdadero corazón.

¿Qué pasaba en ese tiempo?
En Jericó, un lugar con árboles grandes y calles bulliciosas, vivían muchos cobradores de impuestos. Eran personas que trabajaban para el gobierno romano, y a veces tomaban más dinero del que debían. La gente los odiaba, pero Zaqueo quería cambiar. Jesús le mostró que un corazón arrepentido puede hacer maravillas.
Para reflexionar
¿Alguna vez te sentiste "pequeño" en algo? ¿Y qué hiciste para ver algo que te importaba? Zaqueo usó un árbol, ¿qué usas tú?
Confía en Dios porque Él ve tu corazón, incluso cuando tú te sientes pequeño o escondido, y puede cambiar tu vida si decides dejar que Él entre en ella.
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